Emplazada en el barrio de La Boca, esta escultura homenajea a Diego Armando Maradona, una de las figuras más trascendentes de la cultura popular argentina. La obra lo representa en una actitud de celebración, sosteniendo la Copa del Mundo y señalando hacia el cielo, en un gesto que sintetiza la pasión, la alegría y la dimensión simbólica que su figura alcanzó para millones de personas alrededor del mundo.
Más allá del retrato, la escultura busca capturar el carisma y la energía que hicieron de Maradona un ícono irrepetible. Concebida para el espacio público, la obra establece un vínculo directo con los visitantes y con el espíritu del barrio que lo alberga, transformándose en un punto de encuentro entre memoria, identidad y pertenencia. En La Boca, territorio profundamente ligado a la historia del fútbol argentino, la figura de Diego encuentra una nueva forma de permanecer presente en el imaginario colectivo.
