Emplazada en Puerto Madero, esta escultura rinde homenaje a Carlos Gardel, una de las figuras más emblemáticas de la cultura argentina y el máximo referente del tango a nivel internacional. La obra lo representa en una actitud relajada y cercana, sentado en un banco urbano, invitando a vecinos y visitantes a compartir el espacio con un personaje que continúa formando parte de la identidad cultural de Buenos Aires.
Lejos de la solemnidad del monumento tradicional, la pieza propone una experiencia directa e interactiva. La postura abierta de Gardel, su sonrisa característica y la escala humana de la obra generan un vínculo inmediato con el público, transformando la escultura en un lugar de encuentro, fotografía y recuerdo. Concebida para integrarse naturalmente al entorno urbano, la obra acerca la figura del artista al presente y mantiene vivo el legado de una voz que sigue siendo símbolo de la ciudad y de la cultura popular argentina.
