La obra representa a José de San Martín de a pie, en una actitud contemplativa, observando el proceso de liberación de los pueblos de América. Lejos de la imagen heroica y triunfal, el Libertador aparece como un hombre consciente del peso histórico de sus decisiones.
Sostiene el poncho en su mano derecha, símbolo del territorio y del pueblo, y la espada en su mano izquierda, no como gesto de combate sino como emblema del compromiso militar al servicio de la libertad. La escultura propone una mirada humana y reflexiva de San Martín, destacando su ética, su visión política y su rol como conductor de un proceso colectivo
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